DESPEDIDA DE UN ANGEL
Un día como otro cualquiera en un rincón del cielo, un joven caminando en el bosque después de la tormenta cuando la hierba es totalmente verde, el cielo azul, el aliento congelado se observa al respirar y los pies descalzos sienten la frescura de las flores, mientras de roca en roca intenta esquivar la maleza. Se pinta en su rostro una mirada de admiración, al ver un ángel herido a la orilla de un riachuelo; aquella inesperada sorpresa lo invadió de valentía, lo que lo hizo correr a su lado. Ella era un ángel, estaba asustada, con sus lágrimas en sus ojos terminaron de convencer a su único auxilio, el la tomo entre sus brazos y llevo hasta una pequeña cabaña en la cima de la montaña.
Pies y manos del ángel herido, estaban vencidos por el cansancio, por luchar contra la corriente e intentar alzar su vuelo, pero la ansiedad y la angustia no le permitieron percatarse que sus alas están rotas, la Mano Divina, el destino hizo cambiar su camino, alejada de la realidad
Voló, buscando aquel sueño que desde niña la ilusiono y que jamás a través de los siglos perdió, ahora la tristeza inunda su alma, reflejada en cada una de sus lagrimas.
Con mucha torpeza el joven limpia sus heridas y seca el llanto de sus mejillas, muy desconsolada solo piensa en olvidar al mundo, ella desea morir; ella miraba el brillo del sol en los ojos de su rescatador, observaba como aquella mirada penetraba su ser y admiraba su belleza, pero el ángel no le tomo importancia. Siglos pasaron al quedarse dormida, el ángel sin percatarse que ya una eternidad había pasado, que el de ella se enamoro, y que todo aquel tiempo siempre estuvo a su lado cuidando sus heridas, velando su sueño mas sin embargo ella jamás lo noto. En un breve instante el se quedo dormido y ella despertó.
Sin decir ninguna palabra, extendió sus alas y se marcho, no dio las gracias y ni siquiera miro atrás, para ver el corazón triste y roto de su más fiel admirador, aquel que sin pensarlo le salvo la vida, curo sus heridas, por siempre la cuido, en un abrir y cerrar de ojos, el todo su amor entrego, ahora desgarrado por haber perdido a su único y mas grande amor, se interna desconsolado en el mismo bosque que la encontró, con la esperanza de volver a verla y declararle su amor.
Pasados muchos años, un anciano del pueblo aconsejo al ángel, diciéndole que el amor no necesita palabras adornadas, ni obsequios fantasiosos, sino que simplemente al observar el brillo en los ojos de esa persona especial, podrás saber si en realidad te ama. Fue entonces que comprendió, que había dejado pasar su destino en aquel joven del bosque que la rescato, pues ella espera encontrar un ángel con alas y vestido de blanco, como ella un día se lo imagino. Ahora llora desconsolada, vuela todos los días al mismo lugar donde se accidento, para encontrar a su amado, el que la espera pero que ella nunca reconoció, aunque el ángel del bosque permanece por siempre y para siempre, para ella, allí.
SALMOS 34:7
El ángel de Jehová acampa alrededor de los que le temen, Y los defiende.
Cuantos ángeles están a nuestro alrededor, que nos aman y protegen, pero por los afanes de la vida nunca los vemos, nunca los sentimos, nunca los amamos; vivimos ciegos en un mundo lleno de materialismo, fantasía, vicios, envidia y codicia. Aun tengamos muchas bendiciones, siempre tendremos amargura y soledad por no valorar el amor que nos dan los demás, que muchas veces son ángeles de Dios; pero sobre todo, no valoramos el amor incondicional de Jesucristo.
Dios te bendiga.