¿TRABAJAS PARA VIVIR O VIVES PARA TRABAJAR?
Una de las grandes incógnitas de hoy en día, es porque existe tanta depravación, violencia, desintegración familiar, vicios, etc.; si hacemos un análisis de nuestra actitud y prioridades ante la familia y la sociedad, nos damos cuenta que muchos pasan un promedio del 50% del día en el trabajo, 25% durmiendo, 15% oficios, mandados y quizás únicamente un 10% en familia, con sus hijos, sino es que lo usan para otras cosas.
Nos enfrascamos en ganar más dinero, hacer más negocios, tener más vida social que compartir tiempo con los hijos, la pareja, los padres o con nuestros abuelos; es por eso que las sociedades se vuelven frías, en las familias el amor es algo desconocido, probablemente hasta absurdo, pretenden compensarlo con juguetes caros, ropa de marca, todo con el lema de que son civilizados o modernos, y no se dan cuenta que en realidad son presos de su propia ignorancia, esclavos de la ambición y codicia, se envuelven en su novela mental queriendo vivir una vida de televisión, ignorando totalmente los principios y creencias básicas que debe tener una persona, pero no, nos volvemos imitadores de otras culturas y pretendemos ser como otras sociedades.
ECLESIASTES 1:3-8 ¿Qué provecho tiene el hombre de todo su trabajo con que se afana debajo del sol? Generación va, y generación viene; mas la tierra siempre permanece. Sale el sol, y se pone el sol, y se apresura a volver al lugar de donde se levanta. El viento tira hacia el sur, y rodea al norte; va girando de continuo, y a sus giros vuelve el viento de nuevo. Los ríos todos van al mar, y el mar no se llena; al lugar de donde los ríos vinieron, allí vuelven para correr de nuevo. Todas las cosas son fatigosas más de lo que el hombre puede expresar; nunca se sacia el ojo de ver, ni el oído de oír.
Esto mismo sucede con la relación con nuestro Señor, nos acordarnos de Dios, muchos solamente cuando están en problemas, si es que se acuerdan; no es posible que vivamos únicamente para el trabajo, para el mundo; esta bien ser profesional y luchar por tener lo necesario, pero eso que no te convierta en un esclavo del trabajo, todo para obtener cosas materiales si lo mas importante lo dejas a un lado. Si bien tenemos que prepararnos académicamente, ser buenos profesionales y dar lo mejor en el trabajo, no permitas que eso te aleje de tu familia y te haga perder momentos tan deliciosos con tus seres amados, momentos de conversación, aconsejando a tus hijos que tanto lo necesitan, enseñándoles la Palabra de Dios, no trates de compensarlo con juegos de video, Internet o aparatos electrónicos.
No permitas que el trabajo absorba tu paz y tranquilidad, ni el tiempo con tus seres queridos, menos con Dios; todo en esta tierra se acaba, pero el amor, enseñanza, buenas costumbres y la fe, son una buena herencia que se debemos transmitir de generación en generación y permanecerá en los corazones y mentes de nuestros hijos, por siempre. Dios te bendiga.