UNA PALMADITA EN LA ESPALDA
Cada uno de nosotros, ya sea que trabaje, estudie o quizás trabaja en casa; necesitamos de alguna manera sentirnos felicitados, aunque muchos digan que no lo necesitan, es importante siempre expresarles a los demás, tu agradecimiento por el trabajo que han hecho, así como te gusta a ti que te feliciten cuando has cumplido tus metas, tareas y llenado las expectativas de los demás en cualquier acción que contaban contigo.
1 TESALONICENSES 1:2-5
Damos siempre gracias a Dios por todos vosotros, haciendo memoria de vosotros en nuestras oraciones, acordándonos sin cesar delante del Dios y Padre nuestro de la obra de vuestra fe, del trabajo de vuestro amor y de vuestra constancia en la esperanza en nuestro Señor Jesucristo.
Porque conocemos, hermanos amados de Dios, vuestra elección; pues nuestro evangelio no llegó a vosotros en palabras solamente, sino también en poder, en el Espíritu Santo y en plena certidumbre, como bien sabéis cuáles fuimos entre vosotros por amor de vosotros.
Dios no esta obligado a agradecerte el trabajo que haces por El, es mas debes sentirte bendecido si el Señor te utiliza para su plan perfecto. Sin embargo Dios es tan maravilloso y misericordioso que día a día nos regala tantas bendiciones; pero nosotros por estar esperando que una bendición será un carro nuevo, un trabajo bien pagado sin hacer nada; si estamos esperando ganarnos la lotería y solo con eso decir que fuimos bendecidos, mi querido amigo y amiga, estamos mal.
Si tienes la delicadeza de admirar el cielo, los árboles, los jardines, la brisa calida o fresca; si tienes esa actitud positiva y logras ver todo lo bueno que hay en cada uno de tus familiares y compañeros, podrás estar de acuerdo conmigo que hay mas de una bendición cada día por la que debemos sentirnos felicitados por Dios.
Cuando tengas la oportunidad de felicitar a alguien, quizás no dando un premio caro ni con palabras endulzadas y falsas, pero si un saludo afectuoso o palabras de aliento y felicitación, ¡hazlo!, que no te invada la envidia o rencor, que salga de ti el amor que el Espíritu Santo ponga en ti, no sientas vergüenza por expresarte y saluda a las personas que están a tu alrededor, dales una palmadita en la espalda en señal que están haciendo un buen trabajo, pues el Señor ya te dio una palmadita a ti, con el simple hecho de poder leer este pequeño documento.
Dios te bendiga.